




Hotel Rosina
Parking subterráneo y paseo hasta el centro
Sobre este hotel
Hotel Rosina se encuentra en la parte oeste de Makarska, a poca distancia de la playa, y resuelve un problema que muchos hoteles costeros ignoran: un parking de verdad, con una zona exterior gratuita y un garaje subterráneo capaz de acoger hasta 22 coches, incluso pequeños veleros. El centro de Makarska se alcanza en veinte minutos a pie por el paseo marítimo, pasando junto a playas de arena y de rocas, además de centros de fitness y bienestar. El restaurante sirve platos tradicionales caseros y cocina internacional, acompañados de una amplia selección de vinos de calidad, con una terraza frente a las islas vecinas de Brač y Hvar, una vista que pocos hoteles del centro igualan desde la planta baja.
- Parking gratuito, subterráneo y exterior
- Habitaciones con balcón y vistas al mar o montaña
- Paseo hasta el centro
Nuestra opinión
El Hotel Rosina está en el oeste de Makarska, a poca distancia a pie de la playa y a unos 20 minutos del centro por el paseo marítimo, con habitaciones con balcón hacia el mar o la montaña. El aparcamiento gratuito, con garaje subterráneo incluido, es raro en Makarska y lo convierte en el hotel que elegiría si viajas en coche. El restaurante climatizado sirve cocina casera e internacional, con una terraza que mira a Brač y Hvar, y tiene una nota de 8,7 sobre 516 opiniones.
- ✓Ven en coche si puedes, el garaje subterráneo evita aquí la lucha por un sitio cerca del centro.
- ✓Camina por el paseo marítimo hacia el centro en lugar de conducir, es llano, sombreado en tramos y realmente agradable.
- ✓Pide una habitación con vistas a las islas, la vista de la terraza hacia Brač y Hvar sigue siendo uno de los grandes atractivos del hotel.
Por qué nos gusta
- Garaje subterráneo para 22 coches
- 20 minutos a pie hasta el centro
- Terraza restaurante frente a Brač y Hvar
- Balcones con vistas al mar o a la montaña
Por qué encanta a los viajerosBajamos desde Zagreb y el garaje subterráneo de Hotel Rosina nos libró de la habitual búsqueda de aparcamiento cerca del centro. El paseo de veinte minutos por el paseo marítimo cada mañana se convirtió en un verdadero placer y no en una molestia, sobre todo con las islas a la vista todo el trayecto, y la cena en la terraza con vistas a Brač convirtió una comida corriente en un pequeño acontecimiento.