




Hotel Heritage Casa Blanka
Vistas al mar en pleno centro, a cinco minutos de la arena
Sobre este hotel
Hotel Heritage Casa Blanka mantiene una dirección realmente céntrica, con habitaciones climatizadas con baño privado, vistas al mar y comodidades modernas, incluyendo frigorífico y artículos de aseo gratuitos en cada habitación. El restaurante moderno sirve cocina mediterránea y local del brunch a la cena, cócteles incluidos, y la terraza con bar ofrece un espacio relajado para socializar sin salir del hotel. Situado en el centro de la ciudad, el hotel queda a cinco minutos a pie de la playa de Makarska y a 500 metros de la estación de autobuses principal, con el faro de San Pedro y el paseo Riva a fácil alcance. El aeropuerto de Brac está a 34 km para los huéspedes que lleguen desde esa dirección.
- Habitaciones con vistas al mar
- Ubicación céntrica
- A pie de la estación de autobuses
Nuestra opinión
El Hotel Heritage Casa Blanka es un cuatro estrellas en el centro de Makarska, a cinco minutos de la playa, con habitaciones climatizadas con vistas al mar. Su restaurante moderno sirve cocina mediterránea y local en brunch, almuerzo y cena, y la terraza y el bar sirven para una copa por la noche. La nota de 7,5 sobre 25 opiniones es modesta para la categoría, así que lo reservaría por la ubicación céntrica y las vistas, no por un servicio impecable.
- ✓Confirma la categoría de habitación con vistas al mar al reservar, es el mayor atractivo del hotel frente a una habitación con vistas al jardín.
- ✓Come al menos una vez en la terraza, el menú mediterráneo se disfruta mejor al aire libre que en el comedor interior.
- ✓Camina temprano hacia la estación de autobuses si planeas una excursión al interior, queda cerca pero conviene dejar margen.
Por qué nos gusta
- Habitaciones con vistas al mar en pleno centro
- Cinco minutos de la playa de Makarska
- Restaurante moderno mediterráneo
- Cerca del faro de San Pedro
Por qué encanta a los viajerosLa vista al mar nos sorprendió dado lo céntrico que es el hotel, y los cinco minutos hasta la playa nos hicieron sentir que no habíamos sacrificado nada con esta elección de ubicación. Cenar en la terraza se convirtió en una costumbre casi cada noche, el menú mediterráneo combinaba bien con la calle de abajo, que se iba calmando poco a poco, y el paseo hasta la estación nos permitió organizar fácilmente una excursión al interior.